Hace doce meses cerramos el primer contrato como estudio independiente. Hoy escribimos este informe anual porque nos lo prometimos: si íbamos a hacer las cosas a nuestra manera, al menos lo contaríamos sin maquillaje. No es un post motivacional. Es un balance, con cifras reales y errores que aún escuecen.
Durante el año hemos aprendido más de lo que esperábamos, sobre todo en lo que no se ve: cómo se redacta un presupuesto, cuándo decir que no, cómo cobrar sin sentirse mal, y cuánto cuesta cada hora que no facturamos. Lo resumimos aquí en tres bloques: las cifras, las cicatrices, y lo que volveríamos a hacer exactamente igual.
NÚMEROS
Cerramos el año con 14 proyectos entregados para 9 clientes distintos. Tres de esos clientes repitieron, lo que internamente celebramos más que cualquier otra métrica: significa que el trato y el resultado se sostienen en el tiempo. La mezcla de facturación quedó así: un 45% en landings y sitios corporativos, un 35% en aplicaciones web a medida, y un 20% en mantenimiento y pequeñas iteraciones. El ticket medio por proyecto fue de 4.800 euros, con un rango muy amplio entre el más pequeño y el más grande. La ratio entre horas facturadas y horas realmente trabajadas fue de aproximadamente 0,72: por cada hora cobrada, trabajamos 1,4. No es ideal, pero es honesto y mejor de lo que esperábamos para un primer año.
CICATRICES
Cuatro errores merecen estar aquí escritos para no repetirlos. Primero: aceptamos un proyecto a precio cerrado que, por su naturaleza, debía haber ido por horas. Calculamos mal el alcance y perdimos unas 40 horas que no facturamos. Segundo: dijimos que sí a un cliente cuyo brief se movía cada semana; aprendimos por las malas que sin un alcance escrito y firmado no enviamos presupuesto, por mucho que nos guste el proyecto. Tercero: subestimamos una migración SEO. Lo que parecía una semana se convirtió en tres, y desde entonces multiplicamos por 1,5 cualquier estimación que toque migración, redirecciones o contenido legacy. Cuarto, y el más caro de todos: no ofrecimos mantenimientos recurrentes en el primer año. Es probablemente la fuente de ingresos más infravalorada cuando empiezas, y la que más estabilidad da cuando los meses son flojos.
LO QUE VOLVERÍAMOS A HACER
Seguimos siendo un equipo pequeño y no contratamos empleados. Trabajamos con colaboradores de confianza cuando hace falta, pero la estructura se queda como está. Tampoco usamos plantillas: cada proyecto se diseña y se construye desde cero, y eso nos ha costado horas pero también nos ha traído los clientes que queríamos. Mantenemos la transparencia: enviamos accesos, repositorios y documentación desde el primer día, y el cliente puede ver el avance sin pedir permiso.
Para el año dos, las prioridades están claras: introducir retainers de mantenimiento desde la propuesta inicial, subir tarifas en los proyectos que requieren más investigación, y rechazar antes los encargos que no encajan. Menos proyectos, mejor elegidos, mejor cobrados.